La nutrición como estrategia para mejorar la calidad de la cáscara

Diego García Valencia, Poultry Species Technology Manager en CARGILL S.L.U., participa en el aviFORUM-PUESTA 2019, jornadas celebradas en el Eurostars Torre Sevilla, con la ponencia titulada «La nutrición como estrategia para mejorar la calidad de la cáscara».

  • La mala calidad de la cáscara al final del ciclo productivo supone la pérdida de un 5 a un 7% del total de los huevos puestos (Roland, 1988; Grobas et al., 1999) y es el principal factor determinante para el descarte de los lotes.
  • Es fundamental trabajar desde edades tempranas para evitar deficiencias o excesos de calcio al inicio de la puesta y evitar problemas de hígado graso.
  • A través de la nutrición es posible modular la calidad de la cáscara ajustando lo niveles de nutrientes al consumo y a la masa de huevo. Al final del ciclo es importante mejorar la salud intestinal para mejorar la absorción de nutrientes y mejorar la calidad de la cáscara..

La pérdida de calidad de los huevos ocurre de manera natural a lo largo del ciclo productivo de las gallinas. La mala calidad de la cáscara al final del ciclo productivo supone la pérdida de un 5 a un 7% del total de los huevos puestos (Roland, 1988; Grobas et al., 1999) y es el principal factor determinante para el descarte de los lotes.

La meta de las casas de genética y de los productores de alcanzar 500 huevos a las 100 semanas de vida (Bain et al., 2015) agudiza esta situación. Obtener dicho nivel de producción trae consigo consecuencias importantes sobre la fisiología de las gallinas, como síndrome de hígado graso, malformaciones en la quilla, enfermedades infecciosas, gota, empeoramiento del bienestar animal e incremento de la morbilidad y la mortalidad asociada con ciclos largos de producción.

Aunque los problemas de calidad de cáscara suelen tener cierta relación con los programas nutricionales, hay que tener en cuenta que no es posible tener buena calidad de cáscara cuando el lote sufre patologías como Bronquitis (Chousalkar y Roberts, 2007) o micoplasma (Machado et al., 2017) y que no es fácil tener una buena calidad de cáscara en gallinas al final de ciclo de puesta con exceso de tamaño de huevo (Safaa et al., 2008).

Los problemas de calidad de cáscara empiezan desde la recría (estado del hígado y hueso medular) y se acentúan al inicio de la puesta cuando las gallinas más desarrolladas empiezan a poner. En ese momento, si alimentamos a las gallinas con el pienso de recría, no suministraremos la cantidad necesaria de calcio corriendo el riesgo de perder a los mejores animales por deficiencia de calcio.

En caso contrario, si suministramos el pienso de puesta, las gallinas que aún no han empezado a poner consumirán un exceso de calcio que puede provocar problemas renales. Por ello, cada día es más frecuente utilizar un pienso de prepuesta con un nivel de calcio intermedio al de recría y al de puesta.

Posteriormente, a medida que la gallina envejece, el hígado empieza a engrasarse. El hígado es un órgano clave en la producción del huevo y de él depende, en gran parte, la calidad de la cáscara.

  • Las ponedoras tienen que depositar casi diariamente entre 6 y 7 gramos de grasa en la yema y esta cantidad de grasa tiene que ser sintetizada y transformada en el hígado
  • En el caso de que no se transporte suficiente cantidad desde el hígado, la grasa puede acumularse en el mismo siendo mayor dicho depósito según envejecen las gallinas.
  • El exceso de grasa en el hígado es responsable de la pérdida de la función celular hepática, de la reducción de la producción hormonal y del empeoramiento en la síntesis de proteína (necesaria para la formación de los filamentos proteicos de la cáscara).

Formular los piensos en función del consumo de alimento y de la masa de huevo permite ajustar el consumo de nutrientes diarios a las necesidades de la gallina en cada fase productiva

De este modo, es posible reducir los excesos de energía suministrada a los animales para prevenir el engrasamiento del hígado y ajustar los niveles de calcio (crecientes) y de fósforo (decrecientes) en función de la edad del animal. Asimismo, los piensos que contienen poca grasa total (alto contenido de almidón) pueden aumentar la incidencia de hígado graso.

Por ello, es común observar que en las gallinas que consumen piensos a base de cebada y trigo presentan menos problemas hepáticos que los animales que comen dietas a base de maíz, debido al nivel de grasa añadida que necesitan para obtener la misma cantidad de energía (Haghighi-Rad y Polin, 1982). Por otro lado, a medida que aumenta la edad de una gallina, las células de la mucosa de la pared intestinal se debilitan y las vellosidades en la superficie de la pared interna del duodeno se acortan (Belyavin et al., 1987; Sengor et al., 2007).

En consecuencia, disminuye la absorción de los nutrientes lo que se traduce en un empeoramiento de los parámetros productivos y de la calcificación de cáscara (Schwarzer, 2006; Rahman et al., 2008). Esto hace necesario trabajar, además del nivel, la fuente y la granulometría del calcio, el fósforo y la vitamina D, en la integridad de la mucosa intestinal a partir de las 40 semanas de vida.

CONCLUSIONES

La calidad de la cáscara depende de la edad de las gallinas y de su estado sanitario. Es fundamental trabajar desde edades tempranas para evitar deficiencias o excesos de calcio al inicio de la puesta y evitar problemas de hígado graso. A través de la nutrición es posible modular la calidad de la cáscara ajustando lo niveles de nutrientes al consumo y a la masa de huevo. Al final del ciclo es importante mejorar la salud intestinal para mejorar la absorción de nutrientes y mejorar la calidad de la cáscara.

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